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miércoles, 13 de junio de 2012

Al amor y el paso del tiempo

Viajemos al pasado
Cuando miro hacia atrás, veo mi desdibujada silueta a través de los años y como es ahora. Es extraño notar tantos cambios, canciones viejas, y antiguas cartas de amor que simbolizaron muchos de mis sentimientos de ese entonces.
He podido reencontrarme con cada fragmento mío perdido en el tiempo, rescatándolo y revalorizándolo, diciéndole al abrazarlo que nunca lo olvidare y que siempre será especial. Que mi mente siempre tendrá un segundo para evocarlo y mi corazón latirá acelerado al ritmo del recuerdo, envolviéndome suavemente en vaivenes delicados. Rodeándome de rosas perfumadas junto a su cortejo de filosas espinas, pero siempre con un gran amor.
Al principio tus manos, tus ojos, tus labios; me guiaron por primera vez en los caminos del amor. Esa rosa aun está en mis cajones sepultada con esa única fotografía dedicada, cuyas palabras evocaban amor eterno y felicidad completa. Con tus cartas que ya no leo pero que siguen ahí, porque ante todo fuiste y serás una parte importante de mi vida.
El dolor aparece en cualquier momento de nuestras vidas y nos arranca lo que más deseamos sin que lo veamos venir. No sé qué tan lista estaba para eso, pero todo se desvaneció. Y de un día al otro dejo de existir.


Tu dulzura fue como vendas para mis heridas, tus palabras reanimaron mi espíritu, y esos sueños lejanos comenzaron a verse reales. Estaba tan sorprendida de tu valor y coraje que decidí que nunca callaría mi corazón ante nada.
Tu voz susurro canciones en otras lenguas a mis oídos, brotando como manantiales refrescantes y llenos de pureza. Renovaste mi ser, me diste sentido, felicidad y buenos momentos. Tus brazos me rodeaban siempre con suavidad, tomando siempre primero mis manos. Pero aun no era tiempo, la magia se perdió y se convirtió en un cuadro costumbrista siempre del mismo color. Sé que teníamos miedo de cambiar, mucho miedo, y eso nos hizo retroceder y ya no hubo forma de rescatar los pedazos del navío de nuestro amor.


Aun guardo las rosas marchitas de nuestro amor, las fotos, las cartas. Esos papeles amarillos con nuestros mensajes cifrados; escritos en máquina de escribir donde confesaste por primera vez tu amor.
Esa vieja máquina que ya no sé donde estará, y que ni siquiera era mía o tuya. Esa de teclas difíciles de usar, tanto que debíamos asestarle un golpe para que la tinta marcara la hoja. Ese primer choque de sentimientos, durante la tarde lluviosa del día en que cambio la estación. Cuando acariciaba tu frente mojada, secando tus lágrimas disimuladas con aquellas gotas amargas de agua. Llorabas en mis brazos por primera vez, y muchas otras veces más le siguieron.
El tiempo paso, los meses alejados incentivaron toda nuestra pasión, tanto si que a mi regreso y al tuyo… Sentí que me fundía entre tus brazos, que el fuego que ardía dentro mío podia quemarte y consumirnos a los dos.
Nos destrozamos en nuestro intento de amarnos, nos herimos, nos tratamos mal, nos arreglábamos, nos reconciliábamos y volvíamos a empezar. No termino de entender bien porque éramos tan destructivos, habrá sido quizá que no supimos madurar nuestro amor, que no pudimos crecer y mejorar. Nos quedamos en lo que fue, nos atábamos con promesas que no sabíamos si íbamos a cumplir. Me sentía tan perdida a tu lado, tan loca, tan eufórica por vivir cada día al máximo. Nunca me arrepentí de nada.


Y fue entonces cuando la luz llego a mi vida como el rayo del alba se levanta sobre la noche oscura que la precedió. Enceguecida alcancé su mano, la estreche y no la solté nunca. Rodeada de su calidez me sentí al fin en casa, completa y feliz. A su lado hoy yace mi corazón, atado al el por el deseo de vivir que no podré igualar jamás. Esa parte de mi que grita y le reclama su compañía, esas voz dentro de mí que me dice que esta vez el me ama.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

30/08/09

Ardiendo en el infierno.

No mires el cadáver de lo que fui,
Ni el dolor que dejo detrás de mi espalda.
Sueña con que dejo de ser lo que soy
O conviértete en testigo de la cruda verdad

Date cuenta, percátate,
De mi verdadera naturaleza
Y de que ya no soy lo que era.
Deje el cargo de princesa a otra mas digna

Y engañe y dije falsedades,
Pero como dice la canción:
Lo merezco pero no lo quiero
Y por eso me voy.

Y no puedo ya llorar,
Por que se que perdí mi corazón
Las palabras en mi boca, saben a mentiras
Prefiero decirte todo volcado a la tinta

Yo te ame, y te hice feliz,
Te mi corazón y mucho mas,
Quise ser solo tuya
Y fallé

Yo quise ser ese ángel
Que te arrebatase de la oscuridad
Pero me convertí en un demonio más
Que te hacia compañía

Y este es el infierno que merezco
Por infiel, por traicionera,
Por mentir, por trucar la verdad
Por hacerte ver las cosas en tonos claros
Y tapar la oscuridad.

Entonces dejemos de sufrir,
Si solo soy una mujer traicionera,
Déjame arder en el infierno,
y deja de arrastrarte en el ensueño.

25/08/09

La condena

Me condeno una y otra vez.
Pensando en la mejor manera de seguir; atándome con hilos que apenas si pesan mas que telarañas, pero cuya intensidad equivale a la de un par de cadenas.
No me importa el caer una y otra vez, sobre el camino, ni que los lazos desgarren la piel de mis muñecas, ni que gotas carmesí caigan del cielo.
No me interesa realmente, tan solo si esta ahí, esperando a que lo alcance… para mi es suficiente. Lo perdí todo por seguirlo, y no dudaría en tomar de nuevo la misma decisión, mientras el se quede junto a mi.

22/08/09


Míranos de pie el borde del cañón, tratando de seguir las estrellas fugaces en el cielo nocturno.
Llena de dolor el alma, lleno de amor el corazón.

Tratando de conocernos bien, queremos ser algo mas, nos perdemos en el horizonte tratando de cumplir nuestras promesas.
Llena de esperanza el alba, llenos de ternura tus ojos.

Estamos aquí ahora, no allá mañana; pensemos solo en lo que queremos hacer hoy y dejemos para el día siguiente todo lo demás.
Llena de alegría mi alma, lleno de amor el corazón.

Detalles viejos

El dijo...
El respondio...

19/07/09

Dime algo que sea verdad
Dime algo que no pueda negar.
Llámame para no responder,
Pídeme que regrese para no volver.

Suéñame en cada noche que estés lejos
Búscame como una estrella en el cielo
Déjame decirte que no hay nada más valioso,
Y que me esperes en la esquina de siempre.

Cuando me diste valor
Para contar la verdad
Como me arrastraste a seguir
Lo que yo quería y no me animaba

Suéñame en cada noche que estés lejos
Búscame como una estrella en el cielo
Déjame decirte que no hay nada más valioso,
Y que me esperes en la esquina de siempre.

Como agradecerte todo eso,
Y que sientas que es real
Yo solo te busco siempre,
Y jamás voy a rendirme ante nada

No hasta que ames a alguien mas

Por eso digo:
Suéñame en cada noche que estés lejos
Búscame como una estrella en el cielo
Déjame decirte que no hay nada más valioso,
Y que me esperes en la esquina de siempre.

27/01/09

Verdadera escencia
Deseo enojarme por algo que no tenga sentido.
Sentirme viva por primera vez, intentar parecer un ser egoísta.
Llamar tu atención, atrapar tu corazón y regalártelo junto con el mío.
Y siempre pedir perdón y volver a empezar.

Algún día me comportaré como la niña caprichosa que debería ser.
¿Querías decirme más?, yo no esperare a oír tu voz.
Directamente, te arrastrare a donde mi ligero corazón me lleve.
Un frágil corazón que necesita de alguien como tu.
Donde se me antoja llevarte, sin recibir una sola queja de tus labios.
Y siempre pedir perdón y volver a empezar.

Corriendo sin rumbo, buscando algo que sea lo bastante interesante como para cautivarme.
Necesito hallar una mariposa, que jamás se detenga.
Deseo quedarme atrapada en tu trampa.
Sin salidas, sin razones para huir. Segura entre tus brazos.
Y siempre pedir perdón y volver a empezar.

Esperando el día en el cual crecer.
No quiero levantarme cada mañana y darme cuenta de la realidad.
Mentirme y decepcionarme, y pensar que todo puede cambiar.
Deseo ser como las demás, a veces pareciera que no disfruto de las cosas.
Y siempre pedir perdón y volver a empezar.

No esperare a que la oportunidad se presente,
Simplemente intentare encontrarla por mis propios medios.
¿Serás capaz de seguir mis acelerados pasos?

Y siempre pedir perdón, y volver a empezar.

jueves, 24 de junio de 2010

El bar de los ‘80


El bar de los ‘80

Era una mañana fría de otoño, hacia ya varios días que estábamos enojados. Pero parecía que sin importar cuantas cosas malas sucedieran nosotros permanecíamos juntos.
Nos vimos obligados a acercarnos por causa del viento helado, y antes de poder darme cuenta, el me había tomado la mano. Su calidez me invadió por un instante y se desvaneció poco a poco a medida que los autos se deslizaban sobre el asfalto. Yo volaba en las nubes como de costumbre. Caminamos por un rato largo sin saber bien que hacer o a donde ir.
Ninguno abrió la boca, nadie dijo nada, y sentí una grieta que se abría de manera monstruosa entre los dos. Yo odiaba eso, no me gustaba estar lejos de el estando tan cerca. Un transeúnte que corría para alcanzar un colectivo, y atravesó la vereda por entre los dos, no nos permitió seguir con las manos entrelazadas.
Ambos quedamos inmóviles, mientras la gente caminaba alrededor nuestro a cumplir con sus respectivos trabajos. Comenzó a caer una débil llovizna, y lo mire con dudas, preguntándole si pensaba guarecerse. El no me miraba a mí, veía el cielo. Esa grieta que sentí en un principio se transformo en un abismo, y en un intento de recuperarlo lo abracé.
Sacudido por mi impulso, cambio el cielo por mis ojos, me acaricio la cabeza y me sonrió como siempre. Lentamente me separo de el y tomo mi mano de nuevo. Yo sabía lo que me quiso decir. El me dijo “Te extrañaba,”.
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Sonreí, y lo mire con ternura. El bebía su taza de café caliente doble en esa mañana tan fría de otoño. Habíamos encontrado un bar que nos agradó bastante, porque era acogedor y abrigado, pese a las paredes de cristal que poseía. Colgados de las paredes, se veían propagandas viejas de marcas conocidas, y fotos de automóviles clásicos que seguramente tenia mas años que el hombre que nos había servido en ese día.
Como no teníamos demasiado dinero, ni demasiada hambre; y yo había comido algunas galletitas antes de salir, pedimos tan solo un café y un submarino. Yo detesto el café, pero amo el chocolate. Eso es algo que siempre le repito, porque cuando pedimos algo de tomar yo contesto con la misma frase: “No me gusta el café”.

Luego de que entráramos, empezaron a sonar temas viejos de rock nacional que solo el conocía. En realidad la que no sabía nada de rock nacional era yo. Yo le preguntaba por el nombre de la canción, el artista, de que año era, y el siempre sabia que responder. Y eso no me molestaba, me agradaba que supiera mas que yo, algo de el seguramente aprendería.
No tardo en darse cuanta de que lo observaba con curiosidad infantil, y me arrojo una señal inconfundible de que se había dado cuenta de que estaba allí, un pequeño resoplido alcanzo para apartar mis ojos de el, y concentrarme en mi submarino.
Tome la copa con las manos heladas, y disperse el calor del chocolate hirviendo para no quemarme los labios al beberlo. Bebí un sorbo que me devolvió la sensación de poder moverme. Aquella que había perdido mientras caminábamos de la mano por la ciudad.
No supe por que, pero ese día lo sentí mas cerca mío que antes. Seguro era por que el frío nos había prácticamente obligado a juntarnos mas, o porque simplemente no queríamos estar lejos del otro.

Rodeada de esos pensamientos, seguí tomando mi chocolate con tranquilidad, por que me hallaba tan cómoda que no tenia ganas de levantarme de ahí. Continúe recorriendo el lugar con mis ojos, tratando de no perder detalle de ese día. Y cuando termine mi submarino, lo miré de nuevo, como preguntando si estaba bien. El no es de interpretar bien esas señales, así que me vi obligada a preguntarle con palabras. Contesto con un seco si, y esta vez fue el quien se quedo perdido entre las paredes del bar. Con disimulo, estire mi mano sobre la mesa doble que compartíamos enfrentados, y con la cabeza gacha, volví a estrechar sus manos, dispuestas al costado de su café.
El no me dijo nada, ni me miro, ni me dio ninguna señal más allá de un gruñido, que yo bien sabia que significaba “gracias”.
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El sol se asomaba, mientras llenaba de luz la cuadra. La 27 de Abril volvía a nacer después de muchas horas de haber suspendido sus funciones, los colectivos circulaban llenos hasta el tope, y yo me regocijaba pensando en que no tenia que usar el transporte publico tan temprano. Los autos pasaban rápidamente por la ventana, y el estacionamiento de al lado comenzaba a llenarse con los vehículos de siempre.

Las tazas estaban vacías desde hacía un buen rato, pero ninguno de los dos dio indicios de querer levantarse de la mesa. El bar comenzaba a llenarse, la gente pasaba por al lado nuestro, y nosotros parecíamos mas bien una estampa de otro lugar. Ninguno estaba donde debería. Mi mochila echada a un costado junto con la bolsa de los libros me delataba. Pero si alguien me miraba aparte de el no me preocupaba, y si escuchaba algún comentario simplemente callaba. Bajaba la cabeza.

Apenas habían pasado media hora, pero yo sentía que los minutos eran horas. Quizá por los nervios de saber que lo que se hace esta mal, o porque tenia miedo del castigo si me descubrían. Mi cabeza facturaba miles de cosas al mismo tiempo, sin dejarme tranquila un segundo. Creo que estaba asustada. Porque había venido a pedirle perdón por lo que había pasado y el no me había dicho nada todavía.
Reconocí con el mi error, me disculpe sinceramente, pero no pude asegurarle que podía mantener mi promesa en pie. Eso se que fue lo que le molesto. Seguramente fue eso. ¿Quién me manda a ser tan sincera? Me podría haber aguantado un poco. Pero habiendo arriesgado tanto para llegar hasta el, el conseguir la plata para irme, montar todo un escenario propicio para eso. Me había esforzado realmente y no quería irme mas enojada conmigo y todavía peleada con el. Tan concentrada estaba pensando en todo esto que no me di cuenta que el se levantaba de la mesa y le indicaba al mozo que quería la cuenta.

Ambos seguíamos callados. Y yo seguía esperando, ya mas desilusionada que el me dijera algo mas que gruñidos.
Saco su billetera, y puso la plata de su café y mi submarino... yo saque la plata que había conseguido e insistí en ayudarlo a pagar. El me rechazó con un movimiento de su mano. Lo que yo predije fue lo que vino después.
Me tomó la mano y me hablo por primera vez en toda la mañana, mientras me indicaba que guardara el dinero:
-“por venir”-


Alejandra Collado

sábado, 20 de marzo de 2010

HATE - Nightmare

No te quiero escuchar, no te quiero ver, no te quiero hablar.
Doblo las esquinas con miedo de encontrarte, miro los semáforos brillando bajo la lluvia y temo tropezarme en tu camino porque se que amas pasear sin paraguas bajo el cielo gris. Se que si estoy sola voy a sucumbir, y ahora no lo quiero.

Se muy bien que va a pasar si nos tropezamos. Se muy bien que voy a intentar matarte, o por lo menos hacerte daño de alguna manera.
En mi arde un rencor incomparable y un odio sin limites. Ninguno de los dos tiene razones ni ganas para desaparecer, por lo que todavía están ahí, esperando ser volcados.
Estoy empezando a crecer, lenta y dolorosamente, a fuerza de dejar gente atrás. Porque nadie puede alcanzar el ritmo de mis pasos, por que anhelo algo que nadie mas busca.
Porque me negué toda la vida a revelarme como soy, y ahora mismo tengo vergüenza de haberme escondido así de mí y de los demás.
Todo por un estúpido miedo al rechazo.
Pero ya no. No me avergüenzo de mis amigos, salgo con ellos, hay gente que extraño, y mi corazón que parecía congelado esta un poco más cálido.
Tenía razón cuando decía que la manzana no cae lejos del árbol, tenía razón cuando decía que una persona no cambia tan fácil, tenía razón cuando me decía que era patética por intentar llamar la atención.

Y aquí estoy recibiendo los golpes de la vida, tratando de hacer lo mejor posible ahora que tengo la oportunidad de nuevo.
Está bien, la manzana no cae lejos del árbol, pero voy a hacer que esta ruede colina abajo. Seré lo mejor que pueda a mi manera.
Porque cabe hacer una aclaración:
NO demostrar sentimientos, no es lo mismo que NO sentir

martes, 19 de enero de 2010

Erase una vez nosotros - Tomo 7

Hoy lo compre, y Yano ya no es el.
Solia decir que ambos se parecian, ambos era del tipo que arruina las relaciones y son unos idiotas en el amor. Que no saben como tratar a una chica y como no echar todo a perder.
Luciano ya no se parece a el, es mas bien, algo mas alla de ese simple idiota al cual nada le sale bien. Es alguien que ya no va a volver, porque en mi perdio su corazon y ya no lo tiene mas.
Espero que alguien sepa valorar lo que tenes...
Y que vos no seas tan idiota de volver a alejarla de vos, Tenemos que aprender a amar de verdad y sin resentimientos, ni mentiras.

Ambos tenemos que aprender a ser felices.
Yo a dejar de mentir, vos a confiar de verdad, y los dos a crecer y aprender

Una cosa mas................
Nanami y Takeuchi Forever!

(♥)

jueves, 17 de diciembre de 2009

Siempre perdonada

(24 de Agosto de 2009)

A lo largo de mi vida, he cometido muchos errores, pero lo que mas me desagrada es ver que esos errores consisten en lastimar a los que me aman y yo amo.
Por eso es que siempre me perdonan, sin importa la gravedad de mi falta, y pese a que siempre prometo hacer las cosas bien, no lo consigo.
Parezco destinada a aprender de mis faltas, todas aquellas que sea capaz de cometer.
Hoy aquí escribo sobre la peor de todas las que cometí…

En ese momento tenia tanto miedo a que me lastimara, que solo atine a evitar ser atrapada y huir lejos. Corrí por muchos minutos hasta quedar exhausta, y termine por caer al suelo luego de tropezar con una rama. Me había lastimado la pierna y me dolía mucho moverla, así que, arrastrándome, conseguí llegar hasta detrás de un árbol.

Tome una larga y profunda bocanada de aire, y trate de hacer el calculo mental de cuan lejos estaba de ese hombre. Suspire al darme cuenta que le tomaría algún tiempo encontrarme en la profundidad del bosque.

Apreté sobre mi pecho el arma que le había arrebatado a mi perseguidor, cuyo aspecto lo hacia ser mas atemorizante. Tenía una estatura que superaba el metro ochenta, ojos pequeños y negros, y una boca que esbozaba una sádica sonrisa que era capaz de helarme la sangre en las venas.

El recuerdo de su espantosa visión me estremeció de pies a cabeza, y trate de disiparlo lo más que pude. Aun así, no conté con demasiado tiempo más, por que ya era capaz de oír bastante cerca unos pasos pesados sobre la hojarasca.

Decidí avanzar un trecho más, para no dejar que se acercara a mí, ni darle oportunidad para que me atrapara.
Unos segundos expectantes después, deje de escucharlo caminando, y supuse que había dado la vuelta dado que no me había visto por la zona. Suspire una vez mas y sentí sus enormes manos sobre mi, tomándome por sorpresa.

Desesperada, trate se zafarme, pero el me lanzo a un costado con tanta intensidad que no pude mover mi cuerpo entumecido.
- Con que esta es la jovencita con la que me ordenaron terminar – dijo con voz áspera – Tú tienes algo que es mío.
Me arrebato el arma de las manos y me dio una patada en las costillas, que me arranco lagrimas de los ojos.

- ¿Te duele? – Exclamó burlonamente – Te lo mereces por todas las cosas que has hecho, a la ingratitud se la paga con castigos. Es casi como expiar nuestros pecados. – Dijo prendiendo un cigarrillo...
Su boca formo lentamente una mueca de desprecio, con una expresión que realmente me hizo dejar de pensar en pedirle que me dejara ir. Pero aun así, mi temor de perder la vida fue más fuerte.

- ¡Déjame ir, te lo suplico! – Grite llorando - ¡Yo no tenia intención de hacer nada contra quien te mando a hacer todo esto!
Como respuesta recibí un golpe más fuerte que el anterior en el mismo lugar. Y acto seguido me atrapo por el cabello y comenzó a arrastrarme hacia la casa. Mis ojos derramaban lágrimas a torrentes, y gritaba constantemente pidiendo auxilio con la esperanza que me escuchara alguien.

Pero nadie respondió el llamado, o por lo menos en ese momento no lo sabía.
Atravesamos el umbral, y un eco sordo de metal se escucho en el aire.
El hombre se desplomo en el suelo, y antes de desmayarme alcance a ver su sombra.
Luego no recuerdo nada más.

Desperté en una camilla adentro de una ambulancia, y contemple a mi alrededor con los ojos perdidos. Un hombre de uniforme azul me tendió algo para abrigarme, y me invito a sentarme en la acera de la casa. Asentí algo trastornada, pero solamente permanecí en silencio, sin saber como empezar. Entonces la oscuridad empezó a cubrir el cielo.

A la noche, abrigada la cobija que el policía amablemente me había dado, el dueño de la sombra llego hasta mí. Me miro con cara de decepción, y atino a comenzar una charla que, según predije, no terminaría bien:
-¿Estas mejor?
-Si, pero… ¿Cómo llegaste a tiempo? Por poco me mata.
-Te escuche mientras venia a visitarte.
-Creí que no querías verme más…
-¡Sabes que te amo demasiado, y que no soy capaz de dejarte atrás!
-¡Pues deberías aprender!
El silencio reino entre los dos, y quise dar el remate final a la discusión:
-Gracias por salvarme la vida.
-Lastima que fue a costa de otra.

Acto seguido se fue junto con otros dos hombres más de azul. Supuse que iban a tomarle alguna declaración, y trate de no pensar demasiado.
Finalmente le pregunte al oficial sentado a mi lado que había pasado con mi perseguidor. El me miro fijo, sonrío con sus dientes amarillos por el cigarrillo y el café, y me dijo:
-Enseguida se lo muestro.

Me condujo hasta una camioneta, y me hizo echar un vistazo dentro de la parte trasera. Había moscas rondando y un par de muchachos del servicio de forenses se hallaban reclinados sobre una bolsa negra abierta de par en par.

Entonces reconocí los rasgos de sádico, y una desagradable sensación de nauseas casi incontenibles me produjo arcadas. El hombre de azul se río, como pensando en lo patética que se ve la gente común al ver un cadáver de verdad.
Hizo una seña a uno de los médicos, y este le alcanzó una libreta de anotaciones, no más grande que un cuaderno de hojas A4. Leyó con desdén las hojas manchadas con algo de sangre, y dijo en voz alta:
-Ese jovencito tuvo que matarlo para salvarla. El golpe fue exactamente en la nuca y le produjo muerte inmediata. Creo que usted debe estar más que agradecida.

30/08/09

No mires el cadáver de lo que fui,
Ni el dolor que dejo detrás de mi espalda.
Sueña con que dejo de ser lo que soy
O conviértete en testigo
De la cruda verdad

Date cuenta, percátate,
De mi verdadera naturaleza
Y de que ya no soy lo que era.
Deje el cargo de princesa a otra mas digna

Y engañe y dije falsedades,
Pero como dice la canción:
Lo merezco pero no lo quiero
Y por eso me voy.

Y no puedo ya llorar,
Por que se que perdí mi corazón
Las palabras en mi boca, saben a mentiras
Prefiero decirte todo volcado a la tinta

Yo te ame, y te hice feliz,
Te mi corazón y mucho mas,
Quise ser solo tuya
Y fallé

Yo quise ser ese ángel
Que te arrebatase de la oscuridad
Pero me convertí en un demonio más
Que te hacia compañía

Y este es el infierno que merezco
Por infiel, por traicionera,
Por mentir, por trucar la verdad
Por hacerte ver las cosas en tonos claros
Y tapar la oscuridad.

Entonces dejemos de sufrir,
Si solo soy una mujer traicionera,
Déjame arder en el infierno,
y deja de arrastrarte en el ensueño.

15/08/09

Soñé con una mañana llena de luz, con una sonrisa para despertarme, con un reproche por la hora y un bostezo desvanecido en el aire.

Imagine un momento sencillo, con una taza de chocolate caliente y un suspiro mezclado con el ligero escozor de un escalofrío.

Quise sentir el viento soplar sobre mis oídos, con la mirada perdida en el cielo y una caminata sobre la costa.

Espere a que la noche apareciera, con su manto azul tornasolado y junto a la luna rodeada de estrellas.

Sentada aguarde a que llegara, cubriendo mis hombros con un viejo tapado, y sospechando que no podría alcanzarme.

Soñé, imagine, quise, espere y me senté

12/08/09

Dejemos algo de silencio,
en este espacio que compartimos.
Dejemos que el silencio
nos llene y nos vacíe.

Inundémonos en silencio.

Que podamos oír un alfiler al caer al suelo,
que podamos entendernos sin oírnos.
Dejemos que nuestros sentidos se agudicen,
y que podamos entender más allá de las palabras.

Palabras que una vez dichas pierden el sentido.
Dejemos que nos inunde el silencio,
que nos dejemos llevar hacia el vacío
que luego conduce a sentirse completo.
Dejemos que un abrazo hable por los,
y que un beso desvanezca las palabras.

domingo, 13 de diciembre de 2009

Déjalo ir.

(21 de noviembre del 2009)

Eché a correr detrás de el…
Corrí lo más rápido que pude y aun así, me tropecé en mitad del camino, justo antes de alcanzarlo.
Mis dedos estaban por rozar su remera, cuando mis ojos se tropezaron con el suelo.
El se detuvo y me ayudó a levantarme del piso, mientras su mirada preocupada buscaba alguna herida.

Se encontró con mis ojos llenos de lágrimas. No abrió la boca, y solo atinó a dirigirme un atisbo lleno de reproche y de lástima.
Le abracé, y me quedé en silencio. No quería decir alguna estupidez que me valiera una nueva pelea.
Cuando me calmé, se levantó de nuevo y me tendió la mano. Pero una vez que me puse de pie, el se fue trotando. Sin mirar atrás.
Lo despedí agitando las manos, esperando que se diera la vuelta. Pero ahora lo entiendo.
Voy a dejarte ir, tengo que dejarte ir.
De otra manera seguiré corriendo detrás de un sueño que se desvanecerá apenas lo toque. Yo no quiero que me olvides, y se que soy muy tonta al pensar así.
Por que dejar algo atrás y seguir, no significa olvidar.
Si no, recordar y no volver a caer.

jueves, 16 de julio de 2009

Aun lo recuerdas?


Y fue así, como nos vimos obligados a estar lejos. No nos hablamos por meses enteros; y el miedo de tornarme desconocida para ti me llenaba por completo.
Evite reuniones y salidas, deje de frecuentar a intelectuales; me volví mas arisca y reacia a relacionarme con la gente. Lentamente todos se fueron, y mi hogar, ahora vacío sin el, se convirtió en fortaleza.
No quería olvidarme de mis sentimientos bajo ningún concepto. Había noches en las cuales no sabia que hacer, y me sentaba a mirar los testimonios de los recuerdos que ambos habíamos vivido.

Todas esas noches lloraba amargamente, extrañándolo muchísimo. Supuse que tal sentimiento de autocompasión hacia mi misma me hacia daño. Mis amigas quisieron ayudarme; pero fui terca y no les hice acaso por más que tuvieran razón.
Pero toda esa situación duro más de lo que yo soportaba. Y de un día para el otro, tire todo aquello que me unía a el y mi pasado.

No podía dejar de crecer y detener el tiempo en mi vida para no cambiar. Pensé en un principio que el me amaría igual que antes si me mantenía tal y como soy.
Al final, volví a ser sociable, y salía cada vez que podía. Conocí personas que de momento me hicieron sentirme acompañada y sostenida.

Fue entonces cuando un hombre importante en mi vida, confeso que estaba enamorado de mi.
El silencio que invadió la habitación fue como un balde de agua helada, y una respuesta sin siquiera ser pensada broto de mis labios:

-Lo siento, pero estoy esperando a alguien- dije
Huí a mi fortaleza y me refugie en mi habitación. Llore un poco y me senté a esperar algo.
Soñaba con oír noticias de el que nunca llegaban.
No quiero volver a ser una desconocida para el. Pero el tiempo para nosotros dos, ya paso.

domingo, 7 de junio de 2009

El bar de los ‘80


Era una mañana fría de otoño, hacia ya varios días que estábamos enojados. Pero parecía que sin importar cuantas cosas malas sucedieran nosotros permanecíamos juntos.

Nos vimos obligados a acercarnos por causa del viento helado, y antes de poder darme cuenta, el me había tomado la mano. Su calidez me invadió por un instante y se desvaneció poco a poco a medida que los autos se deslizaban sobre el asfalto. Yo volaba en las nubes como de costumbre. Caminamos por un rato largo sin saber bien que hacer o a donde ir.

Ninguno abrió la boca, nadie dijo nada, y sentí una grieta que se abría de manera monstruosa entre los dos. Yo odiaba eso, no me gustaba estar lejos de el estando tan cerca. Un transeúnte que corría para alcanzar un colectivo, y atravesó la vereda por entre los dos, no nos permitió seguir con las manos entrelazadas.

Ambos quedamos inmóviles, mientras la gente caminaba alrededor nuestro a cumplir con sus respectivos trabajos. Comenzó a caer una débil llovizna, y lo mire con dudas, preguntándole si pensaba guarecerse. El no me miraba a mí, veía el cielo. Esa grieta que sentí en un principio se transformo en un abismo, y en un intento de recuperarlo lo abracé.

Sacudido por mi impulso, cambio el cielo por mis ojos, me acaricio la cabeza y me sonrió como siempre. Lentamente me separo de el y tomo mi mano de nuevo. Yo sabía lo que me quiso decir. El me dijo “te extrañaba”

Sonreí, y lo mire con ternura. El bebía su taza de café caliente doble en esa mañana tan fría de otoño. Habíamos encontrado un bar que nos agradó bastante, porque era acogedor y abrigado, pese a las paredes de cristal que poseía. Colgados de las paredes, se veían propagandas viejas de marcas conocidas, y fotos de automóviles clásicos que seguramente tenia mas años que el hombre que nos había servido en ese día.

Como no teníamos demasiado dinero, ni demasiada hambre; y yo había comido algunas galletitas antes de salir, pedimos tan solo un café y un submarino. Yo detesto el café, pero amo el chocolate. Eso es algo que siempre le repito, porque cuando pedimos algo de tomar yo contesto con la misma frase: “No me gusta el café”.

Luego de que entráramos, empezaron a sonar temas viejos de rock nacional que solo el conocía. En realidad la que no sabía nada de rock nacional era yo. Yo le preguntaba por el nombre de la canción, el artista, de que año era, y el siempre sabia que responder. Y eso no me molestaba, me agradaba que supiera mas que yo, algo de el seguramente aprendería.

No tardo en darse cuanta de que lo observaba con curiosidad infantil, y me arrojo una señal inconfundible de que se había dado cuenta de que estaba allí, un pequeño resoplido alcanzo para apartar mis ojos de el, y concentrarme en mi submarino.

Tome la copa con las manos heladas, y disperse el calor del chocolate hirviendo para no quemarme los labios al beberlo. Bebí un sorbo que me devolvió la sensación de poder moverme. Aquella que había perdido mientras caminábamos de la mano por la ciudad.

No supe por que, pero ese día lo sentí mas cerca mío que antes. Seguro era por que el frio nos había prácticamente obligado a juntarnos mas, o porque simplemente no queríamos estar lejos del otro.

Rodeada de esos pensamientos, seguí tomando mi chocolate con tranquilidad, por que me hallaba tan cómoda que no tenia ganas de levantarme de ahí. Continúe recorriendo el lugar con mis ojos, tratando de no perder detalle de ese día. Y cuando termine mi submarino, lo miré de nuevo, como preguntando si estaba bien. El no es de interpretar bien esas señales, así que me vi obligada a preguntarle con palabras. Contesto con un seco si, y esta vez fue el quien se quedo perdido entre las paredes del bar. Con disimulo, estire mi mano sobre la mesa doble que compartíamos enfrentados, y con la cabeza gacha, volví a estrechar sus manos, dispuestas al costado de su café.

El no me dijo nada, ni me miro, ni me dio ninguna señal más allá de un gruñido, que yo bien sabia que significaba “gracias”.



::::::::Remasterizacion del cuento "El Cafe de los '80"::::::::::

Solo versos sin sentido


La voz que me llama del otro lado del cielo... es cierto que realmente existe?
Yo quisiera seguirla en su viaje, pero seran mis alas capaces de alcanzarla en vuelo?
Espero que el tiempo sea suficiente para lograrlo, cada dia es un dia menos


Today, I'll say Good Bye

Florence

martes, 19 de mayo de 2009

El Café de los ‘80

Sonreí, y lo miré con ternura. El bebía su taza de café caliente doble en esa mañana tan fría de otoño. Habíamos encontrado un bar que nos agradó bastante, porque era acogedor y abrigado, pese a las paredes de cristal que poseía. Colgados de las paredes, se veían propagandas viejas de marcas conocidas, y fotos de automóviles clásicos que seguramente tenia mas años que el hombre que nos había servido en ese día.

Como no teníamos demasiado dinero, ni demasiada hambre; y yo había comido algunas galletitas antes de salir, pedimos tan solo un café y un submarino. Yo detesto el café, pero amo el chocolate. Eso es algo que siempre le repito, porque cuando pedimos algo de tomar yo contesto con la misma frase: “No me gusta el café”. Luego de que entráramos, empezaron a sonar temas viejos de rock nacional que solo el conocía. En realidad la que no sabía nada de rock nacional era yo. Yo le preguntaba por el nombre de la canción, el artista, de que año era, y el siempre sabia que responder. Y eso no me molestaba, me agradaba que supiera mas que yo, algo de el seguramente aprendería.

No tardo en darse cuenta de que lo observaba con curiosidad infantil, y me arrojo una señal inconfundible de que se había dado cuenta de que estaba allí, un pequeño resoplido alcanzo para apartar mis ojos de el, y concentrarme en mi submarino.

Tome la copa con las manos heladas, y disperse el calor del chocolate hirviendo para no quemarme los labios al beberlo. Tomé un sorbo que me devolvió la sensación de poder moverme. Aquella que había perdido mientras caminábamos de la mano por la ciudad.

No supe porque, pero ese día lo sentí mas cerca mío que antes. Seguro era por que el frio nos había prácticamente obligado a juntarnos mas, o porque simplemente no queríamos estar lejos del otro.

Seguí tomando mi chocolate con tranquilidad, por que me hallaba tan cómoda que no tenia ganas de levantarme de ahí. Continúe recorriendo el lugar con mis ojos, tratando de no perder detalle de ese día. Y cuando termine mi submarino, lo miré de nuevo, como preguntando si estaba bien. El no es de interpretar bien esas señales, así que me vi obligada a preguntarle con palabras. Contesto con un seco si, y esta vez fue el quien se quedo perdido entre las paredes del bar. Con disimulo, estire mi mano sobre la mesa doble que compartíamos enfrentados, y con la cabeza gacha, volví a estrechar sus manos, dispuestas al costado de su café.

El no me dijo nada, ni me miro, ni me dio ninguna señal más allá de un gruñido, que yo bien sabia que significaba “gracias”.

lunes, 11 de mayo de 2009

Escrito ayer por la noche

Te elijo.

Tengo tiempo de vida, y a la vez veo que esta se me escapa. Se que me equivoque y me caí miles de veces, pero también se que no me importo demasiado cuando todo entre los dos estaba bien.

Se que debí confiar mas en ti y saber entenderte cuando estabas triste, e intente hacerlo lo mejor posible. Se que necesitabas de mi amor, pero yo no supe dártelo de la manera correcta. Se que te di una bofetada y tu me ofreciste tu otra mejilla, y eso me frustró mucho y me quito las ganas de insistir en lastimarte. Se muy bien que no fue a propósito todo ese daño que te hice, y que me arrepiento de haberlo echo. Se bien que es difícil saber que esta bien y que esta mal, y aun así todavía no se distinguirlo. Se que todos ven esto como algo incorrecto, pero yo no puedo alejarme de ti nunca mas. Ambos sabemos como nos duele estar lejos del otro, y que ni siquiera sabemos fingir que no nos apreciamos. Ambos intentamos ser y parecer amigos, pese a que por dentro estemos muriendo por abrazar al otro y no dejarlo ir. Y decirle: “Te elijo a ti”.

Se que siempre fui una extremista en todas mi acciones, y se que por eso no puedo dejar nada de lo que tengo. Se que no quiero perder nada mas, que no quiero perderte nunca mas. Se que a veces ambos sentimos lejos al otro, como aquella tarde en la que ambos sabíamos que hacer y a la vez no queríamos dar nuestro brazo a torcer. Se que esto no podría haber sido predestinado, porque de no haber intentado acercarnos, nunca habríamos sido mas que una par de desconocidos. Se que quisimos ser perfectos para el otro, pero también que eso significaría dejar de ser lo que al otro le gusta más: el egoísmo de nuestras acciones, la terquedad de nuestras decisiones, el capricho y la crueldad oculta tras nuestras palabras, los celos sin justificativo, los celos que si tuvieron razón.

Y hoy yo solo se decir, que me arrepiento si te lastime, si te mentí, si no te trate con el amor que quería, si te hice pensar que quería alejarte verdaderamente cuando no era asi, si hice flaquear tu confianza, si traicione mis principios y los que me enseñaste, si en mi intento de dejar de ser una extremista falle estrepitosamente, si no te di la fe que te hacia falta por mas que no creas en eso, solo se decir que te hice daño…
Empezamos desde cero… como corresponde.

Yo solo quería decirte, perdón y gracias por todo, pero no como una despedida, si no como un nuevo inicio. De manera que yo ya no te haga daño, estemos juntos de verdad, si seis meses pasaron volando… los años se nos irán en un suspiro