miércoles, 15 de septiembre de 2010

Muy muy lejos de ti

Es una pena que pronto estemos tan lejos. Pienso en estos días, y realmente me duele. Y se que es insano depender de ti y es que eres parte de mi. Siento que no puedo determinar donde termina mi ser y empieza el tuyo.
Parecemos hechos para vivir juntos, y eso asusta. Porque aunque no quiera pensar en ello, es necesario que lo grite... ¿Qué será de mí si te pierdo?
Tus sonrisas, tus burlas. Tus besos... todo eso.

No estoy pensando en el final, pero ya vivimos mucho y todavía queremos más. Somos insaciables.
Y yo quisiera saciarme de ti, pero solo crece mi apetito. Ya no se que hacer. Me abrazas, me dices que me amas, y yo solo me ahogo pensando en que si te pierdo no sabré que hacer.
Si no lo pienso será mejor, pero no puedo evitarlo porque se que estarás muy lejos, más de lo que jamás estuviste en todo este tiempo. Se que lidiar con tu ausencia no me fue problema cuando estabas viviendo en otra parte.

Y ya no me ahogo en agonía, sino que el sueño me abandona.
Voy a sobrellevarlo, porque yo se que puedo ser lo suficientemente fuerte para hacerlo. Y si estoy mintiendo y en realidad no lo soy, entonces me transformaré a la fuerza.

martes, 7 de septiembre de 2010

Crónicas de mis sueños 5

Esa noche tuve pesadillas

Era una mañana de domingo, de esas en que todo el mundo se levanta a las diez y se pone a hacer algo de la casa.
Cortar el pasto, lavar los autos, limpiar la casa y la acera, desayunar con facturas y durante una hora (cosa que entre semana es imposible).
Yo había amanecido hacia rato, pero no quería levantarme, pues los sueños que estaba teniendo eran bonitos. A veces llegaba a desear no despertar tan solo para ser feliz dentro de ellos. Pero de pronto el sueño se torno grotesco y desagradable, y el lugar apacible donde el sueño se sucedía se transformaba en una habitáculo similar a una prisión.
Desperté alterada, pero nadie se percató pues la habitación estaba vacía. Quise despejarme, me lave la cara con abundante agua y jabón. Pero las imágenes continuaban girando en mi cabeza.
Busque mi ropa, me metí en la ducha escuchando una canción que me encantaba. La preocupación y la alteración se me pasaron, y mi corazón recupero lentamente su ritmo.
Me vestí para salir, porque esa tarde tendría lugar un encuentro muy esperado.
Una amigo lejano me había vuelto a hablar, y entre los dos habíamos arreglado esa tarde para pasarla juntos. Contarnos lo que nos había pasado y lo que nos estaba pasando. Casi como actualizarnos en la vida del otro.
Lleve las toallas hasta la soga de la ropa y ordené prolijamente el baño. Terminada la faena, pase cerca de mis padres, que cortaban el pasto del jardín.

-¿Por qué te vestís tan bien? ¿Salís a algún lado hoy?-
-Me encuentro con un amigo, hace mucho que no nos vemos- dije felizmente. Mi sonrisa estaba enormemente dibujada en mi cara.

Sin embargo me miraron con ojos fríos y sombríos. Enojados podría haber sido un excelente adjetivo para sus caras.
Comenzaron a gritarme que no podía verme con el, porque no lo consideraban adecuado, yo replique sin dudar; alegue a mi amistad con el, al vinculo que ambos teníamos.
Pero en ningún momento sospeche las consecuencias de mis palabras. Mis pesadillas volvieron, el patio ya no estaba y era ese espantoso habitáculo oscuro.
Ellos eran sombras gigantescas que se cernían sobre mí, diciendo con voces siseantes que era imposible, que jamás volvería a verlo, que no era sano para mí
Yo no entendía, seguía sin entender.
Y la palabra final que se deslizo de sus lengas bípedas fue:
-¿No sabes lo que le esta pasando a ese chico?-

El alma se me cayó al suelo, y yo también fui derribada por un golpe de rodillas al suelo.
-¿Qué es lo que no se?-
No respondieron.
Yo seguía diciéndoles que me contaran.
Ellos decían que hablaríamos más tarde.
-¡Tengo derecho a saber que pasa!-

Pero el habitáculo volvió a desaparecer y yo ya no estaba en el jardín.
La casa volvía a tener luz. Pero la pesadilla volvía una y otra vez a mí.
Estaban las habitaciones vacías, pero había sombras de voces silbantes que recorrían las paredes acompañadas de sombras extrañamente alargadas. Parecían serpientes.
A cada momento me asustaba un poco mas, por momentos las sombras atravesaban las ventanas y los cuartos se volvían oscuros.

Comenzaba a sentir frío, cuando llegue a la cocina. Tenia los ojos empapados en lagrimas pero no sabia bien porque.
Ella estaba en la cocina lavando unos platos.
Yo gimoteaba débilmente. Ella me miro por el rabillo del ojo con un dejo de maldad en ellos. Pero amablemente pregunto con la misma voz de las criaturas silbantes del habitáculo
-¿Qué paso? Escuche la discusión-
-No me dejan juntarme con un amigo que hace mucho que no veo-
Ella rió estruendosamente, y pude sentir esos escalofríos nuevamente.
-Ese chico no te conviene, esta metido en las drogas-

La cocina dejo de ser lo que era, se transformo de nuevo en el habitáculo.
-Que mala amiga has sido, no pudiste ayudarlo cuando el te necesitaba. Eres una inútil y una ingenua por pensar que todos en este mundo son o tienen algo bueno. Supongo que ahora intentaras elegir mejor ¿no?-

Las lágrimas brotaban de nuevo. NO estaba dispuesta a creerle, Ella siempre me mentia, me trataba mal. TENIA que ser mentira.
-Eso es mentira, el jamás haría eso. Yo se que es mentira-
-Todo el mundo lo dice, linda. Tanta gente no puede equivocarse, ¿no?-
-Pero el, no puede haber cambiado tanto...-
-El mismo me lo dijo-
-¡Eso no puede ser!- le grite con todas mis fuerzas...
Y seguí repitiendo.
“No puede ser, no puede ser... no puede ser verdad”.

La imagen de lengua bípeda se desvanecía lentamente, dejando con su estela de ceniza la sensación de ahogo de la pesadilla de esa mañana. Las paredes del habitáculo se cerraron sobre mí.
El eco silbante repetía suavemente: “El me lo dijo”.

No podía salir de la espantosa habitación. Quería salir corriendo.
Abrí las puerta que no había visto y huí de la casa. Corrí hasta que las piernas no me dieron más, hasta que se me paro el corazón de la ira y la tristeza.
El alma se me cayó al piso, y con ella yo también me quede de rodillas. Sentía la lluvia sobre mí, y supe que llovía por que estaba llorando.

Entonces sentí algo sobre los hombros. Pegue un grito asustada, pensando que Ellos me habían seguido.
Pero no... El estaba ahí, mirándome. En sus ojos me rogaba que no creyera las palabras de aquellas criaturas traicioneras.
-Yo creo en ti, sigo haciéndolo-

Esa noche tuve pesadillas.

Un año de amor y lágrimas


Esta el camino a medio recorrer, pero ya no dudo. Ha pasado un año y una semana.
No es demasiado tarde para conmemorarlo de alguna forma, y esta es la única que se me ocurre. Pese a que soy conciente de que este espacio, pese a ser tan publico, no es tan visitado.
Acabo de volver, hace un rato, de pasar una tarde con el. La pase muy lindo, hablamos, comimos papas fritas y tomamos coca cola. No nos despegamos del otro en toda la tarde Y en el momento mas fuerte de la tarde, escuchando una canción de amor, me largue a llorar como no hacia hace mucho.
Me sentía feliz y completa, segura y amada. Luego me llenó de besos mientras me decía te amo... sinceramente me hace muy feliz estar con el y compartir estos días juntos.
Pronto me voy de viaje al sur, y pasaremos un tiempo alejados. Me va a extrañar y yo a el.

Lamento no poder traer textos más literarios, pero últimamente no encuentro la música adecuada para inspirarme a hacerlo. Me siento algo bloqueada.